lunes 10 de noviembre de 2008

Barack Obama y aquellos cambios en los que creer

Resulta paradójico ver cómo súbitamente el interés colectivo de todos nosotros queda centrado en la elección del presidente de un país que queda a varios miles de kilómetros del nuestro, en dónde no se habla nuestro idioma y con el que, en definitiva, pocas cosas creemos compartir, al menos en primera instancia.

Resulta paradójico ver cómo volcamos todas nuestras esperanzas en la victoria de uno de los contrincantes, y resulta paradójico ver cómo esperamos de él que cambie nuestro mundo, por supuesto a mejor, y con ello nuestras vidas (aunque algunos tengan pesadillas imaginando que es el otro el que resulta ganador, el otro, el que no es nosotros, el que no nos pertenece, el que por descontado no nos va ayudar a mejorar este mundo que imaginamos y creamos). Pero este es un mundo unipolar en el que ya nos resulta cada vez más habitual desligarnos de nuestras responsabilidades ciudadanas y delegarlas en una nueva esperanza que aparece salida de la nada, de repente, sin previo aviso, como el héroe que resuelve la situación en el último instante.

Sin embargo hay ciertas cosas que no se pueden cambiar. 

Resulta paradójico ver cómo mientras nos centramos en los discursos elocuentes nos olvidamos de lo que realmente tenemos delante. Un país dónde el 17% de la población es pobre, por descontado sin seguros sociales que cubran sus necesidades sanitarias ni educativas;pobre. Un país dónde de los más de 200 millones de ciudadanos que tendrían derecho a voto, sólo pueden ejercerlo 173 millones y sólo lo han hecho 130 millones, lo que deja a EE.UU. como la democracia menos democrática de entre todas las que conforman el mundo desarrollado(y eso que esta participación ha batido el anterior récord, situado en 1920 cuando las mujeres obtuvieron el derecho al voto).

Y es normal. Es normal este desengaño. No gusta, pero es lógico que pase.

La política tiene estrechos márgenes de actuación, siempre coartada por grandes macro-estructuras económicas que delimitan el terreno de juego. Sin embargo los últimos ocho años de gobierno han dejado explicitado que para algunos individuos la política es un mero puente de acceso a un erario público de fácil apropiación para el beneficio privado. La empresa se comió el dinero de todos. Y es que tan sólo hay que echar un vistazo atrás. En el año 2000, el ejecutivo Clinton, deja EE.UU. con un superávit de 5 billones de dólares;en 2008, el ejecutivo Bush deja EE.UU. con un déficit de más de 8 billones de dólares según fuentes oficiales, y sumergido en una Guerra, que según la última publicación del Nobel de Economía Joseph Stiglitz, le ha costado más de 3 TRILLONES de dólares (en 9 meses de guerra en Irak, EE.UU. gasta el equivalente a la financiación completa de su sistema de pensiones durante 50 años), y en medio de la mayor crisis económica financiera que el mundo pueda recordar. Eso sí,si bien EE.UU. como nación tiene serios problemas económicos, su hasta ahora presidente y el ejecutivo que lo ha acompañado en esta fatal travesía no los sufre, veamos dos ejemplos: Dick Cheney, vicepresidente de la administración Bush y presidente de la compañía polifacética y multinacional HALLYBURTON, a la que se le ha concedido dinero público por valor de más de 300.000 millones de dólares sin opción a concurso, esto es, a dedo, para misiones varias(la mayoría desempeñadas en Irak). Condolezza Rice, secretaria de estado, llega al cargo desde su puesto como consejera delegada de la petrolera Chevron, la segunda petrolera estadounidense y la tercera del mundo. En los tres últimos años(2005-2008), en los albores de la crisis, tan sólo existían dos sectores empresariales en EE.UU. que presentaban resultados con beneficios mayores a los del año anterior: la industria armamentística y la industria petrolera. ¿Y quién se beneficia? 

Sin embargo, hoy, no hay cabida para el pesimismo. Esto ya ha pasado y es pasado. Ahora llega una nueva bocanada de aire fresco, dispuesto a hacernos respirar. Y hay cosas que sí podemos cambiar. No podemos pedir que paren las guerras (la industria armamentística supone el 27% del PIB de EE.UU., y empresas como Lockheed Martin, Boeing, McDonald Douglass así lo demuestran), ni tampoco podemos pedir un mundo verde mientras sigan existiendo pozos de petróleo que ExxonMobil, Chevron, Texaco,…estén dispuestas a explotar y General Motors, Ford, General Electric …estén dispuestas a usar.

Pero hay cosas que sí podemos pedir y por las que vale la pena luchar.

En un mundo unipolar dónde EE.UU. es el espejo en el que todos nos miramos a la hora de enfrentarnos a un futuro siempre inminente deberían respetarse los mismos derechos civiles que se respetaban hacía 8 años y que la Ley Patriotica abolió de un plumazo. Deberían existir zonas comunes en las que poder encontrarnos y dialogar mediante el respeto, el entendimiento y la empatía, y no ghuettos en constante conflicto donde las únicas palabras a las que escuchamos argumentar son los disparos. Deberían existir políticos a respetables y no deleznables, a los que admirar y no a los que repudiar. Debería existir una cobertura social mayor y más efectiva que nos ayude a crecer y a comprender. Y sí, nos ayuda a todos, porque en un mundo globalizado no existen zonas huecas, sin repercusión, menos en el país más influyente hoy día. Si ellos mejoran, nosotros lo hacemos con ellos, porque su victoria también es la nuestra. Y esto sí lo pueden conseguir. Esto sí lo podemos conseguir. 

Escuchaba esta mañana a uno de los tantos analistas hablar del candidato Obama y reprocharle que con tantas y tantas esperanzas depositadas en él, el único camino que le esperaba era el de la caída y la decepción.Prefiero caer decepcionado al ver cómo ilusionantes propuestas de mejora se quedan en simples buenas acciones, a cerciorarme de que realmente sucede aquello tan nefasto que hasta hace pocos años resultaba impensable dentro de un sistema democrático, y lo que es peor, que pudiera continuar con McCain.

El movimiento se demuestra andando. Ese es el cambio en el que creo. Así que seamos realistas, pidamos lo imposible.

Buena suerte.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

No solo estoy de acuerdo con tu comentario, sino que aplaudo la empatía con lo trasformas las realidades. La pena es que la unidependencia yanki que tenemos solo podrá ser cambiada por otra y mucho me temo que serán los chino.

Camarada, Félix José de la Darza dijo...

Hola tu blog esta chevere hablar todo como debe ser. Desearía poder colaborar contigo con artículos.

A pesar de ser socialista inclinado al comunismo pacífico estoy de acuerdo a que se critique. Los problemas de este mundo no se solucionan creando nuevas doctrinas o ideologías políticas ya que crear nuevas es inútil, porque no solucionarán nada.

Yo soy de izquierda pero aprendi que si quiero que el mundo cambie cuando se critica algo también se critica adentro.

Yo critico a mi ideología al igual que al capitalismo.

Tu punto de vista es bueno sigue así.

Félix José de La Darza

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

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